miércoles, 25 de octubre de 2006

Se sabe: todas las décadas vuelven, menos Los '80s que nunca se terminan de ir.              


 

¿Por qué veneramos tanto a aquellos años tan bizarros ?   


Los ’80 son como esos amigos que llegan de visita a la hora de la cena y que nos divierten con su presencia, pero que no tienen el buen tino de irse a la hora en que empiezan Los Simpsons, con lo cual quedamos obligados a mirar a Homero con el ojo derecho y a prestarles atención a ellos con el izquierdo.

Todas las décadas tuvieron su revival, pero con los ’80 la cuestión es diferente: aunque muchas, muchísimas cosas pasaron desde el 31 de diciembre de 1989 hasta ahora, ellos siguen negándose a irse del todo, y por lo tanto atrayendo una parte de nuestra atención.


Los que vivieron aquellos años los recuerdan con romanticismo extremo, y los que no, o bien los idealizan como el momento histórico más importante de los últimos 350 años, o bien les tienen simpatía y se alegran cuando las canciones fechadas en aquella década (aún las más infames) amenizan los ratos de dancing en casamientos y cumpleaños de 15. Treintañeros nostálgicos, pero también jóvenes que apenas si sabían comer sin mancharse la ropa en aquellos días: todos aman a los ’80. Y los que no... simplemente aman odiarlos.

Varias preguntas, entonces: ¿Por qué no los dejamos ir? ¿Por qué el adjetivo “ochentoso” siempre es motivo de gracia? ¿Qué tuvieron los años de los raros peinados nuevos y los colores chillones que no tuvieron sus antecesores y sucesores? Quizás estos rasgos –color, extroversión, jolgorio en general– tengan mucho que ver con la aparentemente eterna fama de los ’80: la sensación que flota en el aire es que, al menos en lo estrictamente musical, fue la última década en la que pasaron cosas alegres.


Los ’90, años esencialmente grunge y new metal, transcurrieron con el ceño adusto y los dientes apretados, con lo cual se incubó en los más jóvenes cierta añoranza por la glamorosa decadencia de la época en la que tanto se divertían sus hermanos mayores. De ahí que la escena actual rescate ciertos estilos ochentosos (el tecno pop, el dark... ¡hasta el hair metal!) y algunas bandas olvidadas tengan un inesperado homenaje (ahora resulta que The Human League estaba bien... ¡vamos!). No obstante, sin pecar de pasatistas, está claro que segundas partes nunca fueron buenas y que, además, ya no somos los mismos: hoy todo es más difícil, paquidérmico y corporativo que en aquellos tiempos. La inocencia y la inconciencia de los ‘80, entre muchas otras cosas, ya no están con nosotros.

Otro factor, un tanto más frívolo, es el hecho de que fue la última década en la que hasta la música mala fue divertida. Los temas ochentosos más horribles siguen siendo obras de arte en comparación con los esperpentos que los sucedieron, aunque más no sea por el tono kitsch. Ejemplos: Warrant y Baltimora no eran Beethoven, pero si los comparamos, por decir, con P.O.D. y Aqua, nos daremos cuenta de que, donde aquellos nos generan una sonrisa, estos nos causan un gesto de desagrado. Nombrar a Bananarama en una reunión de amigos nos valdrá el escarnio público, pero también originará una tierna manifestación de nostalgia que jamás merecerán las
All Saints.

Las canciones de los ’80, como las de ninguna otra década, son fácilmente reconocibles, aún en una primera escucha. No obstante, para quienes aún tengan problemas para detectar la cutre alegría ochentera, les ofrecemos algunos tips.

- Las bases suenan extrañamente similares al demo que traen pregrabados los teclados.
- Aunque se trate del tema más mersa de la galaxia, el guitarrista meterá un solo cuasi metalero en alguna parte, con actitud de “¿cómo pasé de imitar a Jimmy Page en el espejo a tocar acá?”.
- Las baladas son invariablemente sufridas. Al parecer, en los ’80 ningún músico tenía relaciones prósperas: sólo amores no correspondidos y separaciones catastróficas.
- Los efectos visuales del video guardan un sorprendente parecido con los del video de 15 de tu hermana… ¡que acaba de cumplir los 30!
- El arreglo capilar del vocalista no entra completo en un primer plano.
- Canta un ídolo de los ’70, pero con el pelo batido, camisa de cuello mao y un traje brillante tres números más grande.
- Las chicas suponían que la sensualidad era directamente proporcional a la cantidad de maquillaje facial. El resultado de esta errónea idea fue una oleada de caras pintadas como cuadros de Joan Miró.

Si una canción presenta una o varias de estas características, sin duda fue grabada entre 1980 y 1989. Y si no, se trata de la obra de un hábil imitador haciendo todo lo que esté a su alcance para hacer que la década nunca se extinga. ¿Serán los ‘80, como decía justamente una famosa película de aquellos años, una “historia sin fin”?


Y ... puede ser, quizas siga perdurando por siempre en aquellos que disfrutamos de esos años, de su riqueza cultural y emocional; y por que no de ese toque de "ridiculez" que aún hasta hoy continúa impactando...


Si eres uno de ellos ... ¡¡¡ ESTE ES TU SPACE !!!   ¡¡¡ DISFRÚTALO !!!


 




Publicado por CoyLuz @ 0:20
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